Alonso Fernández de Avellaneda

Detrás de Avellaneda, que nunca desveló su identidad, se esconde, probablemente, un envidioso competidor, como el propio Cervantes afirma en la dedicatoria de sus Comedias: alguien que “quiso ser él y no acertó a serlo”. Como se explica en el prólogo de este volumen, se ha especulado mucho sobre la autoría de esta obra apócrifa y sobre la fecha de su redacción, que se sitúa entre 1605 y 1614. A falta de documentos sobre el autor, los datos más seguros se extraen del propio texto: sin duda se trata de un hombre culto, buen latinista, que conoce la literatura del momento como un profesional, y alardea de su erudición con numerosas referencias literarias. Muestra su oficio como escritor a través de sus conocimientos del castellano y de las costumbres cortesanas de su tiempo, ya que frecuenta los centros de poder y comparte su valores. Sus conocimientos teológicos han hecho pensar a la crítica que se trataba de un eclesiástico dominico.