Gabriel Miró (1879-1930)

La extensa formación de este autor alicantino comienza como ávido lector de obras fundamentales que encontraba en la biblioteca de su padre: la Biblia, el Quijote, los místicos castellanos, los autores románticos, la literatura de viajes, etc. Estas lecturas marcarán su estilo literario, pero la fina sensibilidad de su prosa, cargada de valores visuales y cromáticos, también se nutre de los relatos maternos sobre la Pasión de Jesús. La experiencia en un internado jesuita dejó en su obra una estela de tristeza. A cambio, los Ejercicios Espirituales ignacianos estimularon la imaginación estética del autor, quien desde muy joven, recibió varios premios literarios. Estudió leyes en Valencia, pero continuó como alumno libre desde Alicante, lo que le permitió dedicar más tiempo a la formación literaria. Alternar la escritura con empleos burocráticos y editoriales, que le permitían vivir holgadamente, fue una constante durante toda su vida. Nunca fue un escritor para “el gran público”, más bien destacó por su originalidad y una gran capacidad como renovador de la literatura española.