Jacinto Benavente (1866-1886)

Nació en Madrid y allí vivió durante toda su carrera. Su padre era un hombre culto y un médico prestigioso, lo que posibilitó el contacto de la familia con importantes personalidades de la cultura y la política del Madrid del momento, como Juan Valera, José de Echegaray y Francisco Silvela, entre otras. Mantuvo relaciones de amistad con figuras de nuestra literatura como Rubén Darío y Valle-Inclán, aunque su fuerte individualismo le acarreó serias enemistades y cierto desprestigio profesional. Su madre alentó el interés de Benavente por el teatro y convivió con él cuando ya era un dramaturgo respetado. Desde esa fascinación por el espectáculo dedicó su vida a la literatura dramática y generó una amplia producción escénica. Cultivó gran cantidad y variedad de géneros, temas, espacios, personajes, pero la enorme influencia de su obra no ha sido correspondida por la atención de la crítica durante las últimas décadas. En su etapa de apogeo recibió numerosos reconocimientos como ser nombrado miembro de honor de la Real Academia Española y ser el segundo Premio Nobel de nuestra Literatura en 1922, hecho que lo consagró fuera de España.