Juan Valera (1824-1905)

Aunque tardó en publicar, escribía desde sus años jóvenes y fue reconocido por la Real Academia en 1861. Su estilo clasicista refleja la influencia de los autores grecolatinos y su ideal humano es el del cortesano renacentista, al que añade tres cualidades modernas: espíritu crítico, saber enciclopédico y amor a la libertad. El modelo intelectual y social que trata de seguir en su vida y en su obra le convierte en una figura excepcional para su época. Con una curiosidad insaciable, compaginó su quehacer intelectual con los placeres de la vida y las actividades sociales y políticas, para después recoger sus impresiones en su extensa obra. Es uno de los mejores prosistas de su época con un dominio sorprendente del idioma y una riqueza de vocabulario sin parangón entre los autores realistas, sin duda, por su profundo conocimiento de los autores del Siglo de Oro, lo que genera un rasgo de su estilo: la sabia combinación de recursos cultos y castizos y una constante preocupación por la perfección idiomática. Como admirador de Cervantes, Valera se enfrenta a su personajes con una mirada irónica, pero siempre deja traslucir el cariño del creador hacia su criaturas. Esta afinidad con el autor del Quijote lo separa de los narradores realistas y del afán documentalista del Naturalismo.