Novela Picaresca

Alfonso de Valdés fue un intelectual humanista, que se carteó con el propio Erasmo de Rotterdam, cuya doctrina admiraba y dejó una indudable huella en su obra, como demuestran sus dos magníficos diálogos erasmistas. Aunque quedan lagunas por resolver, la minuciosa investigación de la profesora Rosa Navarro Durán, responsable de esta edición crítica de Novela Picaresca, pretende poner fin a la orfandad del más famoso libro anónimo de nuestra literatura: sus tesis defienden la autoría de Alfonso de Valdés para el Lazarillo de Tormes. Mateo Alemán tiene en común con Valdés su mente aguda y ferozmente crítica. Fue un emprendedor infatigable, también en el ámbito económico y las deudas le llevaron a la cárcel en más de una ocasión. Allí pudo empaparse del carácter criminal que inspiró su retrato del pícaro Guzmán, que se incorpora a la línea picaresca iniciada con el relato deLázaro.

Como es bien sabido, el autor que encabeza las obras del segundo volumen se convirtió en una de las figuras más complejas e importantes del Siglo de Oro español: don Francisco de Quevedo, conocedor de lenguas clásicas y modernas, cultivó con abundancia tanto la prosa como la poesía y destacó por su gran cultura y por la acidez de sus críticas.
Tras nuestro siguiente autor, Mateo Luján de Sayavedra, se esconde el abogado valenciano, Juan Martí, cuya obra se vio perjudicada en exceso por haber suplantado a Mateo Alemán con su Guzmán apócrifo. Algunos fragmentos de su novela son de agradable lectura y de interés histórico pero, en general, amplifica en exceso los discursos morales del modelo. En cuanto a Gregorio González, se sabe más de su personaje, el pícaro Onofre Caballero, que de él mismo. Su única obra conocida es la novela picaresca que editamos en el presente volumen. Presenta un estilo muy informal y excesivamente prolijo en refranes y frases proverbiales, lo que atestigua la riqueza de su lenguaje.

Es Baltasar Navarrete (1560–1640), médico dominico natural de Toledo. En 1605 publicó el Libro de entretenimiento de la pícara Justina, incluido en el presente tomo, pero lo hizo con el nombre fingido de Francisco López de Úbeda, ya que, a causa de sus hábitos y clase social, no podía publicar con su nombre una obra tan licenciosa como esta. Es también el autor que está detrás del Quijote de Avellaneda, como demuestran los estudios filológicos sobre numerosos elementos comunes a ambas obras.
Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (1581–1635). Autor madrileño muy prolífico. Escribió versos, novelas y obras dramáticas, pero la más famosa es la novela picaresca que incluye este tomo: La hija de Celestina. Apreciado por contemporáneos de altura como don Miguel de Cervantes, quien le dedica unos versos elogiosos en El viaje del Parnaso (1916). Acabó en la miseria tras una vida de amoríos, conflictos y alguna estancia en prisión.

La vida de Vicente Espinel se ocultaba en el misterio hasta para sus más entusiastas admiradores. Como acreditan las portadas de sus libros y las referencias directas del Obregón a su persona, Espinel nació en Ronda a finales de 1550. La opinión sobre la excelencia de su única novela, probablemente autobiográfica, perseveró durante todo el siglo XVII. Por otra parte, presentamos en este tomo la novela-biografía que habla deEstebanillo González, bufón de Piccolomini, duque de Amalfi. En ella se dice que marchó a Palermo (Sicilia) y murió allí hacia 1628. Durante su estancia en Italia estuvo ocupado como sirviente y camarero de virreyes y altos clérigos. Su vida también se proyecta sobre el fondo de la Guerra de los Treinta Años, época en la que trabajó como correo llevando mensajes y cartas, de lo que sí hay confirmación documental. Estebanillo es al tiempo un personaje literario, un buscón como Pablos, pero vivo.