Rosalía de Castro (1837-1885)

Cuando publicó su primer librito de poesía (La flor, 1857), algunas escritoras ya habían alcanzado la celebridad (Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado), aunque no solían despertar el menor interés de la crítica o del público, pero Rosalía recibió un apoyo inesperado: el periodista Manuel Murguía hace un largo y elogioso comentario a su talento como escritora. Él será su mentor y, más tarde, se convertirá en su esposo.
Pero la vocación literaria no fue vivida por Rosalía como algo que diese sentido a su vida.
Confesaba que escribir era en ella algo natural e inevitable, como el rumor de los árboles o de las olas del mar.
No vivió sus dotes de escritora como un don, sino como un problema más de su vida, marcada por una personalidad compleja.