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Quiroga, la gran desconocida

foto elena quiroga

 

Decir que Elena Quiroga fue la primera novelista que ingresó en la RAE o que fue galardonada con el Premio Nadal por Viento del Norte  es indicio suficiente de la gran obra que se esconde detrás de esta desconocida para la mayoría de los lectores, una de las voces femeninas más importantes dentro de la narrativa española de los años 50.

Aunque muchos sitúan Viento del Norte en la estela de Los Pazos de Ulloa, don Rafael Lapesa matizaba “hay naturalismo pero no es el de Zola ni el de La cuestión palpitante sino íntima comunicación con la tierra, su paisaje, su fauna, su flora, sus gentes, con el viento que la azota y el mar que se le abre; sentimiento de mutua pertenencia a todo ello, y también raigambre y continuidad”. Pues en la escritura de esta gallega de origen cántabro se aúnan “conocimiento del alma humana, sagaz observación de lo significativo, rechazo de la desmesura y dominio del arte de novelar”.

Como le sucedió a otros muchos autores de la posguerra, Quiroga refleja con maestría en sus novelas la soledad e incomunicación. “Creo que todos [ los de esta generación] nos caracterizábamos por la sensación de incomunicación, insolidaridad y soledad. Más exactamente: falta de libertad”, afirmaba en una entrevista.
De esta manera queda reflejado en Algo pasa en la calle, donde establece un rico juego de perspectivas –de herencia  claramente faulkneriana− en torno a la figura del ausente Ventura, o a través del individuo inadaptado que se desenvuelve en el escenario taurino de La última corrida.
Tristura y Escribo tu nombre, obras ya de los años sesenta se insertan dentro de un proyecto autobiográfico en el que el lector es testigo del madurar de Tadea, la niña solitaria y arisca que pasa del ambiente hostil de la casa familiar santanderina al internado de monjas del que saldrá ya en plena adolescencia. Paisaje íntimo que, inevitablemente, nos trae a la memoria otros personajes inolvidables de coetáneas de Quiroga como Laforet o Matute.

También Domingo Ynduráin la tendría en cuenta en su discurso de ingreso a la RAE –no en vano le precedió al entrar en la docta casa− cuando expone “En la mayor parte de las novelas de Elena Quiroga, a pesar de esfuerzos y violencias, a pesar de los crímenes incluso, la vida (y el tiempo) sigue su curso, impasible e indiferente ante esa agitación superficial”. De hecho este es uno de los rasgos principales de su narrativa al que se añade esa melancolía por lo que pudo haber sido, que conduce a sus criaturas a la conclusión de que “solo desde fuera de la vida, desde la indiferencia o la impasividad es posible comprender el sentido de las cosas, la realidad profunda: es la situación a la que se llega en Viento del Norte, en La enferma o en La sangre”.

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El Boomerang y Blasco Ibáñez VI

“…el lector  que todavía disfruta con una historia bien contada, el que aún se maravilla ante la capacidad expresiva y evocadora del lenguaje o quien agradezca que el autor piense en él y se esfuerce por seducirlo y tenerlo fascinado mientras va construyendo un universo que es imaginario y al tiempo real como la vida misma, ese lector, digo, puede regocijarse porque la Fundación Castro acaba de publicar el sexto y último volumen de las novelas de Blasco Ibáñez”.

Javier Fernández de Castro

El Boomeran(g)

http://www.elboomeran.com/blog/189/critica-literaria-de-javier-fernandez-de-castro/html”

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Blasco Ibáñez en El Placer de la Lectura

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“Con este sexto volumen, en el que se recogen las obras escritas a partir de 1920, cerramos el ciclo dedicado al legado novelesco de Vicente Blasco Ibáñez. Periodista, editor, hombre de cine… durante esta última década, el escritor valenciano sigue con su infatigable actividad que le lleva a pasar un año viajando alrededor del mundo –cuyo testimonio deja reflejado en La vuelta al mundo de un novelista−, y a interesarse en otros proyectos sobre la Historia americana y española o las posibilidades del cinematógrafo”.

http://www.elplacerdelalectura.com/blog/novedades/la-reina-calafia-en-busca-del-gran-kan-el-caballero-de-la-virgen-el-fantasma-de-lashtml”

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LECTURAS DE VERANO

En vacaciones disponemos de tiempo para sumergirnos en aquellos libros que llevamos meses postergando por las prisas cotidianas, esos clásicos a los que uno siempre regresa consciente de que no lo defraudarán, autores todavía por descubrir y obras tantas veces citadas pero pendientes de lectura. Aquí os dejamos algunas de nuestras sugerencias.

ENRIQUE JARDIEL PONCELA. Novelas I y II ÁLVARO CUNQUEIRO. Obras en castellano I y II
Las novelas completas de este renovador del humor, cuyo ingenio no ha perdido un ápice de chispa. Asombrosamente moderno. Los principales títulos en castellano de este gallego universal, que armoniza mito con realidad en una suerte de realismo mágico.
MIGUEL DE UNAMUNO. Tomos I-X  BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO. Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España
A lo largo de estos 10 tomos encontramos sus novelas más emblemáticas, sus viajes por España y Portugal o sus libros de poesía y ensayo. Nadie como este soldado de Hernán Cortés para relatar de primera mano la fabulosa aventura que supuso la conquista del Imperio Azteca.
GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA CALDERÓN DE LA BARCA. Comedias I-VI
La defensa de los derechos de la mujer o del esclavo en su mítica Sab son protagonistas  en muchas de las obras de esta adelantada escritora romántica. Los festivales de teatro clásico proliferan en verano, por ello recomendamos volver a las comedias de uno de nuestros dramaturgos más grandes.

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ENTREVISTA A PEDRO SÁNCHEZ-PRIETO, editor del Lapidario

Portada Lapidario       foto pedro sanchez prieto

Pedro Sánchez-Prieto, catedrático de Lengua y Literatura Española nos recibe en este espacio virtual para charlar acerca del Lapidario. Gran especialista en la obra de Alfonso X el Sabio, como quedó demostrado en su magnífica edición de la General estoria, se vuelve a sumergir en los códices alfonsíes para ofrecernos una cuidadísima edición ilustrada del Lapidario, texto que desde hace siglos ha despertado la fascinación de todo el que se ha asomado a sus páginas, y que viene a ocupar un lugar distinguido dentro del corpus alfonsí publicado en la Biblioteca Castro.

-Para todo el que desconozca la naturaleza del libro que hoy presentamos, ¿nos podrías explicar en breves palabras qué es el Lapidario?
El Lapidario es una obra muy curiosa. Explica las propiedades de los minerales o piedras (lapides en latín, de ahí el título). Pero según una idea difundida en la Edad Media, ven aumentados sus efectos por influjo de los astros, de tal manera que cada una se ve influida por uno de los signos del Zodíaco y por un grado de cada uno de signos. De manera que si hay doce signos zodiacales y cada signo tiene treinta grados, resultan un total de 360 posiciones de los astros, que influyen en un número igual de piedras. Es este un planteamiento que puede considerarse neoplatónico, pues se piensa que no hay objeto en la tierra que no esté ya “figurado” en el cielo (y así, el carnero se corresponde con Aries, o el oso con la figura de la Osa Mayor).  Entre las propiedades de las piedras la tradición recogida por los colaboradores del rey Sabio se centra en los efectos curativos, medicinales. Ellos pensaban que en las proporciones adecuadas y usadas según procedimientos que se describen en el Lapidario con gran detalle servían para curar muchas enfermedades. Pero la obra también enseña a evitar otras piedras perjudiciales.

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-En tu interesante prólogo al texto nos explicas cómo árabes, judíos y cristianos no solo convivían sino que compartían saberes en Alandalús y el reino de Castilla y León. ¿Crees que sin esta conjunción de las tres culturas hubiera sido posible una obra como el Lapidario?
Desde luego que no. El conocimiento, la ciencia, hizo un recorrido de oriente a occidente muy llamativo. Porque muchos de los libros que en Grecia condensaban el saber de la Antigüedad fueron traducidos al siríaco, y de este al árabe. Pero no se trató de meras traducciones, sino que los textos fueron completados con saberes venidos de oriente, de la India, sobre todo. Estos textos en árabe llegaron a la Península Ibérica y allí fueron traducidos al latín, o al latín y al romance, y luego solo al romance, sobre todo al castellano. Esta actividad se desarrolló enormemente con Alfonso X el Sabio. En el prólogo del Lapidario se nos dice que esta obra fue encontrada en árabe cuando el propio Alfonso era infante, y que él la mandó traducir al castellano a un médico judío buen conocedor de árabe y latín.

-Aunque aparezca mencionado en una nota al pie de página, llama la atención la inagotable curiosidad intelectual de este monarca que “buscaba antes provecho en el saber que en la caza y en la guerra”. ¿Podríamos decir que el legado del rey Sabio se debe medir más por triunfos culturales que por territorios reconquistados?
La figura de Alfonso X, como la de cualquier personaje histórico, tiene muchos perfiles, y ha sido vista de modos muy diferentes. El padre Mariana dijo aquello de que “de tanto mirar al cielo se le cayó la corona”, como queriendo señalar que ciertos conocimientos e inquietudes sobran en un monarca. Pero lo cierto que es Alfonso X se preocupó mucho de la organización del reino, y prueba de ello es el corpus legal de las Siete Partidas. El deseo de difundir el saber forma parte de una concepción política. Por un lado él quiere crear una visión del mundo y de la historia a través de sus obras; por otro, quiere ilustrar a sus súbditos. No hay que olvidar que él apuesta decididamente por la lengua romance, el castellano, frente al latín para sus obras científicas, legales e históricas. Y esto también es acción política. De todos modos, el rey Sabio quiso proyectarse hacia el futuro con su inmensa producción, y estas obras son su mejor legado, por encima de los aciertos y, también, errores como monarca.

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-Para el que pueda pensar que el rey Alfonso simplemente se rodeaba de un “equipo de traductores”, ¿podrías aclararnos en qué consistía la labor de estos compiladores? ¿Sometían a crítica los textos que vertían del árabe al romance?
Una labor como la que se llevó a cabo en la corte de Alfonso X no habría sido posible sin un equipo de intelectuales que se encargara de recopilar libros sobre saberes muy diversos y de traducirlos al romance. Pero, sobre todo para los textos historiográficos, el trabajo no consistía solo en recopilar diversos textos y adicionarlos. La obra historiografía responde una planificación compleja, a un deseo e armonizar las noticias, a veces contradictorias, tomadas de las fuentes. No basta, pues, con el trabajo de los traductores; es necesario que haya unos “compiladores” que selecciones los textos más pertinentes, los dispongan en el orden necesario, los completen con informaciones diversas, y que, definitiva, los integren en un nuevo relato que no es igual a la mera suma de las fuentes. Para las obras científicas los estudiosos han reconocido un grado de literalismo mucho mayor. Pero la selección de los textos, la adición de prólogos que orientan sobre cómo ha de entenderse y utilizarse la obra, la adición de comentarios y explicaciones, y el uso mismo del romance, con sus modos de expresión muy distintos de los del árabe, dan como resultado una obra nueva, que nunca es igual a sus fuentes.

-Desde el punto racionalista del siglo XXI, ¿podríamos entender como científica esta creencia en la influencia de los astros sobre ciertos minerales y sus potenciales virtudes?
Indudablemente, muchas de las ideas que en otro tiempo pasaron por conocimiento hoy nos pueden parecer pura superstición. Y lo mismo pasará en el futuro con una parte de la ciencia actual. Creo que nuestra época no es mucho menos irracional que el s. XIII, solo que las supersticiones han cambiado. Pero lo importante no es hacer un juicio sobre la ciencia en el pasado, sino entender cómo la única manera de aprender es equivocándose. El principio neoplatónico de que los astros influyen en el comportamiento humano y en las propiedades de los seres vivos no es avalado por la ciencia moderna, pero ese intento medieval de comprender el cosmos llevó a innegables progresos en el conocimiento de los astros, sus posiciones y movimientos. Piénsese que en la corte de Alfonso X se elaboraron unas tablas astronómicas e incluso se describió cómo construir relojes y un astrolabio. Sin esta curiosidad por las estrellas y su influencia en la vida de los hombres seguramente no habrían tenido lugar al final de la Edad Media los grandes descubrimientos geográficos que dieron paso a la Edad Moderna.

-¿Qué es el Libro de las formas y las imágenes que son en los cielos, y por qué editarlo junto con el Lapidario?
No sabemos muy bien cuál era el contenido, porque solo se conserva el índice. Por esto sabemos que se proyectó como un compendio de la ciencia mineralógica, organizado en once tratados. En estos pueden verse enumerados muchos sortilegios de efectos buenos y malos, algunos muy crueles. Las propiedades mágicas de las piedras favorecidas por el influjo de los astros atraerían la curiosidad del Alfonso el Sabio, pero esto no quiere decir necesariamente que el propio rey o sus colaboradores practicaran estos sortilegios. Aunque las intenciones parecen bastante diferentes, el contenido mineralógico común, coincidente en algunas secciones, es lo que justifica editar las obras conjuntamente.

-En la Introducción adviertes del carácter nigromántico de algunos tratados del Libro de las formas e imágenes. En él podemos asombrarnos ante el uso de algunos minerales para “hacer nacer los niños sin cojones” o “fazer morir los niños ante que los viejos”. ¿Crees que unos siglos después la Santa Inquisición hubiera permitido al rey “patrocinar” o al menos auspiciar este tipo de contenidos?
Sí, el Libro de las formas e imágenes se puede considerar un tratado de magia. Hay trucos para no tener dolor de muelas, para ser invisible, pero también para que el médico no pueda curar, para hacer que los hombres parezcan perros, para que alguien se vuelva loco, para que atraer los osos a una ciudad o causar terremotos. El hecho mismo de que no se nos haya conservado el texto puede que tenga que ver con este carácter nigromántico. El rey Alfonso fue acusado de herejía en medio del enorme pleito por la sucesión al trono de Castilla en sus últimos años, al haber muerto el primogénito. Estoy convencido de que la libertad intelectual de la que hizo gala a lo largo de toda su vida le fue permitida solo por ser rey. De hecho, este aperturismo científico que convirtió a ciudades del reino de Castilla como Toledo y Sevilla en destino de muchos estudiosos europeos que querían conocer, entre otros, estos saberes nigrománticos, terminó a su muerte. Se abre así ya, bajo Sancho IV, una etapa mucho más ortodoxa. Y aquella libertad intelectual de la segunda mitad del s. XIII fue ya solo historia.

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AMÉRICA LLEGA A LA FERIA

De los cronistas de Indias que en pleno siglo XVI se aventuraron a explorar territorios inciertos, a la obra de autores mestizos como el Inca Garcilaso o la de escritoras románticas de la talla de Gómez de Avellaneda. He aquí nuestra breve selección para todo el que busque un Clásico de materia americana.

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA
Edición de Luis T. González del Valle, nº págs.: 576, ISBN: 978-84-15255-37-6,
PVP: 41 euros

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Aunque nació en Puerto Príncipe en 1814, Gertrudis Gómez de Avellaneda vivió gran parte de su vida adulta en España y aquí se forjó como una de las voces más destacadas del Romanticismo femenino en lengua española. A pesar de la variedad de géneros, podemos apreciar cierta unidad de temas y personajes en su obra. De hecho, Gómez de Avellaneda ha sido considerada como una precursora del feminismo moderno hispánico gracias a su defensa de los derechos de la mujer o a la denuncia de la opresión que suponían ciertos matrimonios concertados, como se aprecia en Sab, primera novela antiesclavista de América, o en ensayos como La mujer.

 

CONQUISTA DE AMÉRICA

HERNÁN CORTÉS
Edición de Mario Hernández Sánchez-Barba (Cartas de relación. Ordenanzas de gobierno), nº págs.: 476, ISBN: 978-84-15255-29-1, PVP: 50 euros.

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Dirigidas por Cortés al emperador Carlos V para dar cuenta de sus avances en la Conquista de México, las Cartas de relación constituyen un testimonio único en el que el conquistador describe batallas, campañas y expediciones de los españoles hasta conseguir la toma de Tenochtitlán. En nuestra edición se incluyen una serie de mapas que ayudarán a seguir los itinerarios de Cortés y su armada hasta conquistar la capital del asombroso imperio Azteca.

SALVADOR DE MADARIAGA I y II
Edición de Alexia Dotras, Esquiveles y Manriques I (El corazón de piedra verde. Guerra en la sangre) nº págs.: 1177 ISBN: 978-84-15255-24-6, PVP: 55 euros
Esquiveles y Manriques II (Una gota de tiempo. El semental negro. Satanael) nº págs. 836
ISBN: 978-84-15255-36-9, PVP: 50 euros

Portada escaneada Madariaga, II

Con la serie de Esquiveles y Manriques, Salvador de Madariaga contribuyó sin duda al conocimiento de nuestra propia Historia, a la comprensión del auge y el ocaso del Imperio español en América a través de la historia de estas dos familias que ven cómo sus destinos se van entrelazando. Así, descubriremos las luces y las sombras de la Conquista y Colonización de América, la atinada combinación de los grandes acontecimientos con los detalles de la pequeña historia doméstica o el complejo encuentro entre la vieja Europa y el Nuevo mundo en este “faraónico fresco del mestizaje cultural y religioso hispánico”, por citar como colofón las palabras con que lo definió Santos Sanz Villanueva.

BERNAL DÍAZ DEL CASTILLO, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España
Introducción de Juan Gil (de la RAE), nº págs.: 941,
ISBN: 978-84-1525-15-4, PVP: 55 euros

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Nos encontramos ante uno de los textos más atractivos sobre la conquista española del Nuevo Mundo, ya que en él se refleja el testimonio directo de Bernal Díaz, soldado de a pie de Hernán Cortés y protagonista de acontecimientos que en su pluma cobran una fuerza inusitada. Ante el disgusto provocado por las relaciones de su capitán, que se atribuía en exclusiva la gloria del triunfo sobre el Imperio mexica, nuestro autor reivindica la inestimable labor de la tropa y la autenticidad de su historia frente a la palabra de otros cronistas que no vivieron los hechos en primera persona. La edición se completa con dos mapas encartados que reproducen el itinerario seguido por la armada de Cortés en su ruta hacia Tenochtitlan.

GARCILASO INCA DE LA VEGA, Traducción de los Diálogos de Amor de León Hebreo

Edición de Andrés Soria Olmedo. Nº págs: 553, ISBN: 978-84-7506-449-9 , PVP: 45 euros.

Retrato Inca Garcilaso

Hijo de una princesa inca y un capitán español, el Inca Garcilaso trata de reconciliar a lo largo de sus escritos el mestizaje de sus dos mundos de origen. De formación humanística, tradujo del italiano los Diálogos de amor de León Hebreo en los que reflexiona sobre las distintas formas del amor desde un punto de vista neoplatónico. La edición se verá completada a finales del presente año con la publicación de los Comentarios reales.

JUAN SOLÓRZANO PEREYRA, Política Indiana

Edición de Francisco Tomás y Valiente, y Ana María Barrero

Tomo I (ISBN: 978-84-7506-463-5, 620 pp., PVP: 52 e.), Tomo II (ISBN: 978-84-7506-465-9, 1217 pp., PVP: 72 e.), Tomo III (ISBN: 978-84-7506-466-6, 1150 pp., PVP: 72 e.

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Gran conocedor de los problemas del gobierno de la América de mediados del siglo XVII, que con claridad y erudición expuso en su Política indiana. Aquí se plantean cuestiones clave sobre el Nuevo Mundo (la condición de los indios como esclavos, el funcionamiento de las encomiendas…), que dan pie a diversidad de opiniones de distintos autores bajo una forma dialogada. Nadie como Francisco Tomás y Valiente para dirigir la edición de este texto de carácter histórico, político y jurídico sobre los territorios del Nuevo Mundo.

 

Si no encuentra estos títulos en su librería, puede dirigir su pedido directamente a la editorial.
Fundación José Antonio de Castro
www.fundcastro.org /correo: fundcastro@fundcastro.org Tel.: 91 43 100 43 fax: 91 435 83 62

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Las lecturas de Teresa

Santa Teresa foto

¿Cuáles fueron las lecturas de Santa Teresa? ¿Cuál fue el taller en el que se formó como escritora? Frente al tópico  de que Teresa tenía escasa formación y escribía de forma intuitiva, se ha estudiado cómo en la formación de nuestra mística fueron determinantes sus primeras lecturas. Teresa relata en su Libro de la vida cómo pasó de las vidas de santos, que la acompañaron durante infinidad de horas en su niñez a la pasión por los las historias caballerescas que heredó de su madre y van asentando su afición a los libros. Gracias a ellos distraerá más adelante muchas de sus ocupaciones y pesares domésticos: “Jamás osaba comenzar a tener oración sin un libro” −explica la Santa al hablarnos de sus hábitos−, porque las lecturas le hacían compañía y le ayudaban a encauzar  los pensamientos perdidos. Las Confesiones de San Agustín, el Kempis o Fray Luis de Granada son algunos de los que cita, aunque todo se complica en 1559 cuando el Inquisidor General Valdés publica el Índice de los libros prohibidos en el que se incluyen muchas de las traducciones al romance que habían nutrido las lecturas de esta inquieta escritora que desconocía el latín.

Otra de las fuentes clave para saber del asunto que nos ocupa será el Libro de las fundaciones, como afirma el catedrático Díez de Revenga en su prólogo a nuestra edición de las obras de Santa Teresa, pues el gran atractivo para el lector actual será el de “reencontrarse con la escritora inquieta y andariega recorriendo caminos, haciendo gestiones y logrando frutos que la van llenando de satisfacción. Pero también es el libro ideal para hallar a la escritora explicando su propio taller de escritora, mostrando su oficio de escribir basándose en sus propios recuerdos”.

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Alonso Fernández de Avellaneda en la BNE

Avellaneda en BNE 2

Cinco ediciones en un solo año, he aquí la apabullante cifra que nos da buena cuenta del éxito de la Primera Parte del Quijote en 1605, y máxime si reparamos en que el 90% de la población de la época no sabía leer. Por ello no es de extrañar que los lectores esperaran anhelantes esa continuación con la tercera salida del caballero de la Triste Figura y su fiel escudero, que el propio Cervantes había prometido.

En este contexto aparece impreso el Segundo tomo del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, rubricado por un tal Alonso Fernández de Avellaneda. A la misteriosa identidad que se esconde bajo el este célebre pseudónimo, se suman otras incógnitas como la de la ciudad o la imprenta que figuran en la portada, pues ninguna de ellas parecen ser las verdaderas. Pero aún más chocante resulta el hecho de que se haya sostenido durante siglos el escaso éxito de la obra, cuando podemos apreciar sutiles diferencias en las portadas que prueban que, al menos, hubo dos impresiones a lo largo de 1614.

Sin embargo, la novela de Avellaneda cayó en cierto olvido cuando Cervantes publicó su Segunda Parte en 1615 con un humor y una visión del mundo absolutamente modernas que han venido conquistado la admiración de los lectores de generación en generación. Pero no por ello debemos despreciar el arte del apócrifo, ya que no solo influyó en muchos pasajes de la Segunda Parte cervantina, sino que además se erige como fiel representante de la estética y sociedad barrocas.

Y concluimos con las palabras de Javier Blasco, nuestro editor del texto, en el prólogo que precede a la obra: “Pocas falsificaciones han tenido tanta importancia como el Quijote de Avellaneda para la historia de la literatura. Después de leer el Quijote de su rival, Cervantes modificó varias escenas de la Segunda Parte, que él se hallaba escribiendo; añadió nuevas aventuras y, desde luego, afrontó una cuidada revisión de todo lo que llevaba escrito. Esto debería ser suficiente para justificar hoy el interés por la obra de Avellaneda”.

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Emilia Pardo Bazán, una mujer adelantada a su época (1851-1921)

Foto Emilia
Dicen que fue una mujer de armas tomar y de no haber sido así, no se hubiera podido codear de tú a tú con todos los intelectuales de la época ni se hubiera ganado el reconocimiento como la mejor novelista española del siglo XIX (aunque la RAE le negara su ingreso en tres ocasiones). Valiosa defensora del papel social de la mujer, se justificaba doña Emilia “Soy un alma de varonil latir”, y gracias a los Apuntes autobiográficos que esbozó como prólogo al tomo I de Los pazos de Ulloa sabemos de su precoz vocación literaria, en la que sin duda influyó la educación esmerada en su Marineda natal (véase La Coruña), y esa condición de lectora voraz que la lleva a escribir los primeros versos infantiles a los que le siguen poesías, cuentos y dramas durante la adolescencia, que ayudarán a ir forjando su pluma como escritora.
Pardo Bazán se estrena como novelista a los veintiocho años con Pascual López. Autobiografía de un estudiante de medicina, sobre la vida de un universitario en Compostela que será un claro antecedente de lo que los anglosajones han venido a llamar “novelas de campus”. Pero hasta 1886 no publica la primera de sus obras maestras, Los pazos de Ulloa en la que se deja sentir plenamente la influencia del naturalismo de Zola. A esta y otras narraciones que contemplan tanto el realismo como ciertas tendencias modernistas, se suman las numerosas crónicas y artículos en las que va retratando sus impresiones a lo largo de viajes infatigables por las ciudades más importantes de Europa, y toda una serie de colecciones de cuentos que publica por entregas en distintos periódicos y revistas.
Lo más representativo de su obra queda recogido a lo largo de estos diez volúmenes editados por Darío Villanueva y José Manuel González Herrán, dando así testimonio de la rica y variada narrativa de esta mujer libre, cosmopolita, políglota y, en defintiva, adelantada a su tiempo.

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