Quiroga, la gran desconocida

foto elena quiroga

 

Decir que Elena Quiroga fue la primera novelista que ingresó en la RAE o que fue galardonada con el Premio Nadal por Viento del Norte  es indicio suficiente de la gran obra que se esconde detrás de esta desconocida para la mayoría de los lectores, una de las voces femeninas más importantes dentro de la narrativa española de los años 50.

Aunque muchos sitúan Viento del Norte en la estela de Los Pazos de Ulloa, don Rafael Lapesa matizaba “hay naturalismo pero no es el de Zola ni el de La cuestión palpitante sino íntima comunicación con la tierra, su paisaje, su fauna, su flora, sus gentes, con el viento que la azota y el mar que se le abre; sentimiento de mutua pertenencia a todo ello, y también raigambre y continuidad”. Pues en la escritura de esta gallega de origen cántabro se aúnan “conocimiento del alma humana, sagaz observación de lo significativo, rechazo de la desmesura y dominio del arte de novelar”.

Como le sucedió a otros muchos autores de la posguerra, Quiroga refleja con maestría en sus novelas la soledad e incomunicación. «Creo que todos [ los de esta generación] nos caracterizábamos por la sensación de incomunicación, insolidaridad y soledad. Más exactamente: falta de libertad», afirmaba en una entrevista.
De esta manera queda reflejado en Algo pasa en la calle, donde establece un rico juego de perspectivas –de herencia  claramente faulkneriana− en torno a la figura del ausente Ventura, o a través del individuo inadaptado que se desenvuelve en el escenario taurino de La última corrida.
Tristura y Escribo tu nombre, obras ya de los años sesenta se insertan dentro de un proyecto autobiográfico en el que el lector es testigo del madurar de Tadea, la niña solitaria y arisca que pasa del ambiente hostil de la casa familiar santanderina al internado de monjas del que saldrá ya en plena adolescencia. Paisaje íntimo que, inevitablemente, nos trae a la memoria otros personajes inolvidables de coetáneas de Quiroga como Laforet o Matute.

También Domingo Ynduráin la tendría en cuenta en su discurso de ingreso a la RAE –no en vano le precedió al entrar en la docta casa− cuando expone “En la mayor parte de las novelas de Elena Quiroga, a pesar de esfuerzos y violencias, a pesar de los crímenes incluso, la vida (y el tiempo) sigue su curso, impasible e indiferente ante esa agitación superficial”. De hecho este es uno de los rasgos principales de su narrativa al que se añade esa melancolía por lo que pudo haber sido, que conduce a sus criaturas a la conclusión de que “solo desde fuera de la vida, desde la indiferencia o la impasividad es posible comprender el sentido de las cosas, la realidad profunda: es la situación a la que se llega en Viento del Norte, en La enferma o en La sangre”.

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