Federico García Lorca (1898-1936)

En palabras de Pablo Neruda, Lorca era “un multiplicador de la hermosura”. Músico, poeta, dramaturgo, un artista genial que no deja de explorar la naturaleza y su secreto, el amor, el sexo pleno y amenazado, la esterilidad, el tiempo, la libertad o la muerte. Más poeta del deseo que del amor, del anhelo que de la satisfacción como señala el profesor Soria Olmedo en el pormenorizado prólogo que abre el volumen.
A través del prólogo sabemos de la infancia del poeta en un pueblo de la Vega y los primeros años de universidad en Granada, de las clases de piano, las tertulias con otros intelectuales de la época o la apertura que supone su llegada a Madrid en la primavera de 1919. Recorreremos también el ambiente de la Residencia de Estudiantes, su amistad con Buñuel y Dalí, con Manuel de Falla a su regreso a Granada donde se entusiasma con los preparativos del concurso del Cante Jondo. Vida y literatura se van entreverando, pues en estos años 20 Federico escribe el Poema del cante jondo, Mariana Pineda, Canciones o el Romancero gitano por citar algunos de sus títulos más emblemáticos. El impacto de su viaje a Nueva York en plena crisis del 29, el peso del son cubano desde que fuera a la isla o su éxito internacional como dramaturgo cuando estrena Bodas de sangre en el Buenos Aires de 1930 dejan, cómo no, una huella profunda en su literatura. Años intensos en los que termina el Diván del Tamarit y recorre la península con la compañía La Barraca. Una biografía compleja, una obra prodigiosa que fue truncada por la Guerra civil el 19 de agosto de 1936 cuando García Lorca es fusilado a las afueras de Granada. Acababa de cumplir treinta y ocho años.