Pío Baroja (1872-1956)

Pío Baroja perteneció a una de las familias distinguidas y conocidas en San Sebastián, que se relacionaban con el periodismo y los negocios de imprenta. Su formación como novelista histórico se gesta en el ambiente familiar: su padre fue voluntario liberal en la segunda guerra carlista y corresponsal de un periódico de Madrid. Baroja hijo escuchaba las crónicas y entrevistas de su padre. Abandonó la profesión de médico por la de novelista, ya que ninguna profesión le atraía salvo la de escribir. Una vez instalado en Madrid, empezó a colaborar en periódicos y revistas, y simpatizó con las doctrinas sociales anarquistas, pero no militó abiertamente en ninguna. La mayor parte de los personajes barojianos son seres inadaptados, que se oponen al ambiente y la sociedad en la que viven, aunque se muestran impotentes, incapaces de llevar lejos su lucha, por lo que acaban frustrados y vencidos, en ocasiones físicamente, en otras moralmente, y por ello condenados a someterse al sistema que han rechazado. Baroja murió en 1956 y fue enterrado en el cementerio civil como ateo con gran escándalo de la España oficial.

La lectura voraz de folletines y novelas de viajes va forjando su joven imaginación y al mismo tiempo alivia el desarraigo y la melancolía provocados por los continuos cambios de residencia familiar. Baroja ha sido encuadrado en el nada homogéneo movimiento noventayochista, pero más bien encaja con el afán general de renovación que dominó las letras españolas a finales del siglo XIX. Posee una extraordinaria capacidad para observar su entorno y hacer literatura de cuanto sucede. La realidad es tamizada por su experiencia vital y le sirve de motor con el que arranca la ficción. El afán por viajar le permite observar los tipos que va encontrando y que traslada a sus páginas, así que el esquema del viaje aparece en muchas de sus obras como impulso aventurero que mueve a sus personajes. Ese constante trasiego de personajes que van y vienen de un ambiente a otro da agilidad a su escritura, y así consigue que sus novelas produzcan la impresión de la vida misma.