Lecturas de verano 3: ¿Fue Cervantes un buen dramaturgo? 14 de julio de 2026 – Posted in: Autores Clásicos, Fechas señaladas, Libros – Tags: , , , ,

Recientemente se reflexionaba en prensa sobre la trascendencia de Cervantes como dramaturgo. Los estudiosos señalan que el teatro fue su gran vocación, pero la sombra de Lope de Vega era demasiado alargada y su fidelidad a las normas aristotélicas se daba de bruces con la nueva fórmula impuesta por el Fénix. En la comedia lopesca tanto la figura del gracioso como los conflictos desatados para salvaguardar la honra se enfocaban buscando siempre el favor del público. Buena prueba de ello encontrará el lector a lo largo de estas Ocho comedias magistrales.

Cervantes nunca pudo ver representadas sus obras dramáticas e, incluso, dejó por escrito noticia de su frustración: “No hallé autor que me las pidiese, puesto que sabían que las tenía; y, así, las arrinconé en un cofre y las consagré y las condené al perpetuo silencio”. 

Sin embargo, estudiosos como Javier Huerta apuntan que «si bien Cervantes fue más conservador en la técnica que Lope, por el respeto hacia la preceptiva clásica, fue más revolucionario en cuanto a contenidos». En esta misma línea se pronuncia Juan Mayorga: “En Lope… se percibe la voluntad de obedecer a su rey o, cuando menos, no molestarlo, mientras que la mirada de Cervantes, compasiva, pero severamente crítica, si hubiera llegado a los escenarios, habría llevado a los espectadores a imaginar otro mundo”. Todo ello quedó bien reflejado en un artículo dedicado al análisis de don Miguel como dramaturgo y la llamada «controversia cervantina«.

El Teatro de Cervantes

El lector curioso que prefiera formarse una opinión propia podrá encontrar todo el teatro de Cervantes en el segundo volumen de sus Obras completas. En estas páginas se recoge La destrucción de Numancia, donde don Miguel se atiene a las reglas de la tragedia clásica o Los tratos de Argel. A estos se añaden sus Ocho comedias y entremeses, publicadas en 1615, el mismo año en que vio la luz la segunda parte del Quijote. No obstante, será en un género menor como el entremés, no sujeto a las ataduras de la preceptiva, donde el escritor dé rienda suelta a su creatividad y consiga obras espléndidas. Aquí nos planteará asuntos tan quijotescos como la necesidad de soñar para seguir vivos frente a la implacable realidad, que a veces deja a sus personajes mucho más desvalidos de lo que están.