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Obras de Emilia Pardo Bazán

EMILIA PARDO BAZÁN (1851-1921), I Centenario Obras completas en 12 tomos Ed. de Darío Villanueva (de la RAE) y José Manuel González Herrán

El próximo 12 de mayo se cumple el I centenario del fallecimiento de Emilia Pardo Bazán, y congresos, exposiciones además de otros eventos literarios se dan cita para celebrar la figura de esta gran escritora.  No se nos ocurren mejores palabras que las de Isabel Burdiel (biógrafa y comisaria de la próxima exposición “El reto de la modernidad” que tendrá lugar en BNE) para retratar el atractivo de doña Emilia:

Lo interesante que tiene Pardo Bazán es su capacidad para tender puentes, para ver el mundo. Ella fue una mujer llena de ambivalencias […] podía ser conservadora en algunos aspectos políticos y, sin embargo, en la defensa de los derechos de las mujeres era realmente radical”. 

Emilia Pardo Bazán: Feminista y conservadora

Los doce volúmenes que integran las presentes Obras completas nos revelan que no hay en la cultura española moderna personalidad tan arrolladora como doña Emilia Pardo Bazán. Supuso un revulsivo en la sociedad de la Restauración y reivindicó su condición de mujer al codearse con los intelectuales del momento y renovar la narrativa de finales del XIX. Gallega y cosmopolita, periodista y empresaria cultural, narradora traducida a numerosos idiomas, su figura también fue clave a la hora de introducir el feminismo dentro del debate cultural y político. 

 

Obras completas

Con motivo de este primer aniversario, reeditamos los dos primeros tomos de las Obras completas de Emilia Pardo Bazán bajo el minucioso cuidado de Darío Villanueva (de la RAE) y José Manuel González Herrán. En sus cuatro primeros títulos, publicados entre 1879 y 1885, la autora trabaja tanto la novela de espacio como la narración de personaje: de Pascual López. Autobiografía de un estudiante de medicina, que nos adentra en la vida de un universitario en Santiago de Compostela, a La Tribuna, protagonizada por la lucha de una joven cigarrera de Marineda (trasunto de su Coruña natal) en pleno movimiento obrero, o bien El Cisne de Vilamorta, hilvanada en torno a un romántico poeta local

 

Aunque la novela viene a ser un descubrimiento tardío de doña Emilia (que prefirió iniciarse en la poesía y el ensayo tal y como relata en sus Apuntes autobiográficos), Pardo Bazán va puliendo su arte para describir las romerías rurales o los viajes en tren hacia los balnearios más cosmopolitas en Un viaje de novios. Costumbrismo que se ve enriquecido por las lecturas de coetáneos que le permiten ahondar en la psicología de sus personajes (nadie duda de la herencia de Madame Bovary en El Cisne de Vilamorta). Fruto de esas lecturas surgirá el notable intento de explicar la novela francesa en los artículos de La cuestión palpitante. Y, de esta manera, se irá perfilando el camino hacia el naturalismo que culminará en 1886 con su obra maestra, Los Pazos de Ulloa (recogida en el tomo II de la presente colección).

En 1887 Galdós califica a Los Pazos de Ulloa como una auténtica obra maestra. Sin embargo, tanto Zola como la propia autora negaron el marbete de “naturalismo católico” con que se la trató de encasillar. Doña Emilia da un giro a lo rural que nos revela los conflictos sociales y sensuales del campo gallego y al igual que en sus obras anteriores, se mueve a medio camino entre la novela de espacio (la gran casa señorial) y la de formación del joven sacerdote Julián Álvarez, que pasa de la inocencia a una madurez desencantada. Un microcosmos primitivo y violento que, en La Madre Naturaleza, la continuación de Los Pazos, perderá fuerza estética para evolucionar a una mirada más espiritualista.

Tras el éxito de crítica que le reportan estos dos últimos títulos, Pardo Bazán se adentra en la escritura de Insolación y Morriña. Dos trabajos de encargo protagonizados por mujeres de muy diferente origen: la marquesa viuda de Andrade y la criada Esclavitud Lamas. Dos historias amorosas de pintoresquismo costumbrista (las fiestas de San Isidro, las cigarreras…)  en las que siguen apareciendo elementos naturalistas como el atrevimiento al retratar encuentros amorosos que escandalizaron a algunos contemporáneos, las violentas peleas de mujeres o en el sensualismo descriptivo de Insolación.

Igualmente, en Morriña, se parte del motivo romántico de la muchacha seducida y engañada, para tornar en su desgraciado final a una visión naturalista que permitió a la autora denunciar la hipocresía social ante este tipo de situaciones.

Unas novelas que nos descubren a la escritora ya forjada en el arte narrativo y nos la muestran como firme defensora de los derechos de la mujer. Actitud que también se hará presente en su faceta como cuentista, en la que destacan piezas tan bien tejidas como los relatos de El encaje roto.

 

 

 

 

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Cinco escritoras valientes adelantadas a su época

Una dama escribe una carta con su sirvienta

La literatura y los movimientos sociales han ido de la mano a lo largo de toda la historia como podemos apreciar por la obra de estas cinco escritoras publicadas en la Biblioteca Castro.  Mujeres que se atrevieron a desafiar las rígidas normas de sus respectivas épocas, y se esforzaron por estudiar y formarse más allá del destino matrimonial o religioso al que parecían estar abocadas.

Escritoras y feminismo

Queremos encabezar la lista de escritoras con doña Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873),Tanto la galería de mujeres ilustres recogida en su ensayo “La mujer” como la crítica de los matrimonios concertados en varias de sus novelas o su fallido intento por ingresar en la RAE revelan la poderosa personalidad  de esta mujer pionera en la reivindicación de los derechos femeninos.

Las mujeres obreras, la maternidad como destino obligado, la doble moral con la que la mujer es juzgada o la propia educación son temas recurrentes en la rica y variada producción narrativa de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), una de las personalidades más singulares de nuestra literatura decimonónica a la que la RAE le negó su ingreso hasta en tres ocasiones. Cosmopolita, políglota y viajera infatigable se codeó de tú a tú con los intelectuales más importantes de tiempo, y tanto su vida como su valorada obra demuestran los méritos de esta mujer para ocupar en la sociedad los mismos puestos que el varón, sin renunciar a lo específicamente femenino.

Santa Teresa de Jesús (1515-1582) fue una mujer que marcó época en un mundo dominado por hombres, que pasa del arrebato del éxtasis a reformar la orden del Carmelo por toda la Península, que hubo de bregar con confesores e inquisidores que ponían todos las trabas para publicar su Libro de la vida, y que aprovechó, en definitiva, su condición de mujer no letrada (aunque rica en lecturas) para romper las reglas de la retórica e inaugurar un nuevo modelo estético dentro de la prosa: el del “escribo como hablo”.

Poco se sabe de María de Zayas (1590-ca. 1661), escritora del Siglo de Oro, aunque sus Novelas ejemplares y amorosas llegaron a conocerse como el Decamerón español. Bajo el molde de la novela cortesana, y con gran amenidad, insta a las mujeres para que abandonen sus roles tradicionales, retrata el desengaño de las que han sido burladas por los hombres, y critica el concepto de honra que tanto perjudicó al universo femenino.

Rosa Chacel (1898-1994), aunque desconfiaba de todo lo que sonara a feminismo, o a lo que muchos han entendido como literatura femenina propiamente dicha, la escritora vallisoletana vive de primera mano la revolución intelectual fraguada en torno a la generación del 27 y a la figura de Ortega y Gasset. Infinidad de protagonistas femeninas habitan el imaginario de Chacel: una maestra a la hora de retratar la conciencia de la niñez y de plasmar ese tiempo subjetivo que se dilata o contrae en función de la percepción de nuestra mirada.

 

 

 

 

 

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