Francisco Umbral (disponible a partir del 13 de octubre)

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Autor: Francisco Umbral

Obras incluidas

Escribir lo vivido. Artículos periodísticos (1955-2007):

I. Las ciudades y los días

II. De futbolistas, Ramoncines, Pasionarias, vallecanos, quinquis, escritores y presidiarios

III. Laberinto de pasiones 

IV. Galería de retratos

Nota de Prensa

€58,00

Obras incluidas

Escribir lo vivido. Artículos periodísticos (1955-2007):

I. Las ciudades y los días (Crónicas de sus inicios como articulista en Valladolid, León y Madrid, entre 1955 y 1979).

II. De futbolistas, Ramoncines, Pasionarias, vallecanos, quinquis, escritores y presidiarios (Selección de las columnas aparecidas en El País [1976–1988] y El Mundo [1989–2007]. En la presente edición se han mantenido, aunque solo en estos dos capítulos, sus legendarias negritas tipográficas).

III. Laberinto de pasiones (Textos representativos de su trilogía de pasiones: «la literatura, el sexo y la política, por este orden», según palabras del propio Umbral. Figuran asimismo dos capítulos en torno a la radio y uno relacionado con «el personal» que protagonizó épocas tan singulares como la Movida madrileña en los años ochenta del siglo xx).

IV. Galería de retratos (Semblanzas literarias escritas por amigos y colegas, además de obras pictóricas y gráficas dedicadas a Umbral. Artículos del escritor sobre artistas plásticos y dibujantes).

Sinopsis

«No soy un triunfador, como dicen las noticias. Soy un vendedor de metáforas que tiene parroquia». Francisco Umbral (1932–2007), brillante columnista —para muchos, el mejor de la prensa española en el siglo xx—, fue un gran innovador del lenguaje y un estilista consumado. En sus crónicas, seguidas a diario por un millón de lectores, se ocupó con igual pasión de Luis de Góngora y los poetas del 27 que de Pedro Almodóvar y todo el elenco de la movida madrileña. Coqueteaba con la nobleza y se conmovía con la soledad de los perdedores. En las columnas —cincuenta mil, según sus cálculos— reflejaba su trilogía de pasiones: «La literatura, el sexo y la política, por este orden».

De formación autodidacta, Umbral —dandi, esnob, sentimental e iconoclasta a partes iguales— hizo de la literatura un credo: «Se vive para escribir lo vivido». Esta antología reúne 350 textos de distintas épocas y procedencias, la mayoría inéditos en libro, y desvela en la introducción testimonios y documentos desconocidos hasta ahora. Como articulista, se convirtió pronto en la firma estelar de cabeceras muy diversas, desde El Norte de Castilla, El País y El Mundo hasta la revista Interviú. También fue autor de un centenar de obras literarias. Por toda esta trayectoria recibió los premios Cervantes (2000) y Príncipe de Asturias de las Letras (1996).

Delante del teclado de la Olivetti, Umbral aplicaba su fórmula magistral: «Para hacer un buen artículo hay que quemar un ensayo, un soneto y una noticia». Era su secreto para conquistar al público y «ordenar el mundo en un folio, cada mañana».

Sobre el autor

Francisco Umbral

Francisco Alejandro Pérez Martínez (Madrid, 1932–2007) empezó a firmar como Francisco Umbral —seudónimo con el que ha pasado a la historia de la literatura española— a mediados de 1958, cuando trabajaba en La Voz de León. De formación autodidacta, publicó algunos poemas juveniles, pero pronto descubrió que su género era el periodismo literario. Consagró su vida profesional al columnismo, primero en El Norte de Castilla de Valladolid —la ciudad de su infancia y adolescencia— y después en varias cabeceras regionales, a través de la Agencia Colpisa, hasta llegar a El País y El Mundo, diarios en los que colaboró diariamente a lo largo de una treintena de años.

Autor prolífico —escribió en torno a cincuenta mil artículos y publicó un centenar de libros—, fue un gran innovador del lenguaje que creó un estilo propio e inconfundible. Su vida personal —hijo de madre soltera y padre de un hijo fallecido a los cinco años— quedó reflejada en títulos tan significativos como Memorias de un niño de derechas, Mortal y rosa y El hijo de Greta Garbo. La ausencia de su padre biológico, Alejandro Urrutia Cabezón —un socialista utópico con inquietudes literarias— marcó profundamente su existencia, hasta el punto de que nunca reveló su identidad, divulgada en 2015.

Umbral cultivó con esmero su faceta de personaje esnob y dandy y fue distinguido con los premios Cervantes y Príncipe de Asturias de las Letras. No logró entrar, sin embargo, en la Real Academia Española, a pesar de que su candidatura estuvo avalada por Camilo José Cela, José María de Areilza y Miguel Delibes, su primer mentor en Valladolid.

 

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