El Caballero de Olmedo en el teatro 26 de septiembre de 2026 – Posted in: Autores Clásicos, Curiosidades, Libros – Tags: , , , ,

Este otoño El Caballero de Olmedo sube a las tablas de la mano de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en versión de Laia Ripoll. Una comedia en la que Lope de Vega sigue hablando al espectador contemporáneo y una magnífica ocasión para releer al clásico.

Lope de Vega y sus comedias magistrales

Dice Agustín Sánchez Aguilar en el prólogo a nuestra edición de Ocho comedias magistrales de Lope:

«Mirada con ojos ramplones, El Caballero de Olmedo no es más que la historia de un hombre enamorado. De hecho, se ajusta a la perfección al modelo básico de trama que la jerga de Hollywood suele resumir con una frase pueril: «chico conoce a chica». Don Alonso queda prendado de doña Inés y le escribe una sentida declaración de amor. Podría haberse limitado a enviarle un billetito que dijera: «Me gustas mucho» o «No consigo olvidarte».

Eso era, a fin de cuentas, lo único que necesitaba Lope, porque bastaba ese billetito desnatado para que la acción dramática diese un paso adelante. Y, sin embargo, ¿qué hizo Lope? Aprovechó la declaración del Caballero para escribir uno de los sonetos más intensos que salieron jamás de su pluma. En los catorce versos de ese poema, todas las palabras conspiran contra el adocenamiento y la trivialidad. De entrada, el galán le dice a doña Inés que, la primera vez que la miró, lo hizo de abajo arriba, y eso ya sorprende, porque no es común que el amor empiece por los pies. Pero es que, además, añade que la chinela con la que Inés iba calzada fue una mina encendida que le detonó el alma y se la disparó hacia las delicias del paraíso.»

Desde luego, cuesta imaginar una imagen menos banal para describir un enamoramiento. Y ahí no acaba la cosa, porque don Alonso declara luego que, delante de esa chinela, se rindió al amor y se lo entregó todo, y concluye afirmando que, en ese instante de confusión suprema, solo fue capaz de pronunciar una pregunta apabullada de pasión: «Si matas con los pies, Inés hermosa, ¿qué dejas para el fuego de tus ojos?».

Lope nunca rebajó su rasero poético ni abarató su estilo, y esa actitud es digna de elogio. Cuando declara que se ha acostumbrado a hablarle al vulgo «en necio», está proclamando en realidad un logro mayúsculo: lo que nos da a entender es que consiguió que el público lo siguiera, sin darse cuenta, desde el país terrenal de la lengua cotidiana a los cielos magníficos de la excelencia poética.

La grandeza de Lope estriba en que no solo nos da lo que le pedimos, sino mucho más de lo que le pedimos. Porque los artistas de verdad no son los que se conforman con un estilo a medio gas que permite salir del paso, sino los que contraen un compromiso moral con su trabajo que los impulsa a dar lo mejor de sí mismos incluso cuando no es indispensable hacerlo.

Dentro de la Generación del 27, fue sin duda Federico García Lorca quien más contribuyó a rescatar El Caballero de Olmedo, obra que él mismo adaptó y puso en escena cuando dirigía la mítica compañía «La Barraca. Gracias a esta revisión del teatro clásico español la obra entraría en el canon como una de las piezas más señaladas de nuestro Siglo de Oro.